
por Mario Valdivia
Pegunta: está bien hablar de escuchar pero, ¿qué es
escuchar?, ¿cómo escucho a mi jefe? por ejemplo. En mi experiencia, escuchar lo
que dice mi jefe cuando habla es muy difícil: ¡cambia de opiniones y
preocupaciones a cada rato!
Respuesta: esta pregunta es muy amplia. Supone,
implícitamente, que todo se puede aprender así de rápido: una pregunta, una
respuesta y ya está. Malas noticias: nada relevante se puede aprender de esta
manera. Pero abramos una conversación en la cual, paso a paso, avancemos juntos
por el camino de escuchar. Este será el primer paso.
Partamos diciendo algo básico que todos podemos compartir:
escuchar consiste en permitir que algo nos sea dicho. Sabemos que mucha gente -
también nosotros mismos - no permite que algo le sea dicho. Por eso, pensamos
habitualmente que hay gente terca, que le falta empatía, que no se pone en el
lugar del otro, que es derechamente tonta, etc. Entonces, por experiencia
propia, sabemos que permitir que algo nos sea dicho no es algo que todos
podamos hacer fácilmente.
Consideremos las cosas. Las cosas, aunque no hablen, nos
dicen algo que debemos permitir que nos digan. P. ej., un modesto semáforo.
Este artefacto no consiste en un juego de luces rojas y verdes que se mueven a
determinados ritmos. ¿Qué nos dicen las luces roja y verde del semáforo?
Sobretodo, ¿qué nos dicen sobre las acciones y preocupaciones de la gente
-conductores y peatones- a nuestro alrededor? ¿Escucharemos al semáforo si lo
miramos como un juego de luces y no le permitimos decir lo que como semáforo
dice?
El semáforo existe como parte de inumerables conversaciones
de interpretación, diseño, instalación, etc., en las cuales nosotros también,
de alguna manera, hemos participado. En estas conversaciones un mundo humano se
abre -mundo de calles y calzadas, automóviles y peatones, de flujos de tráfico
en distintas direcciones, de accidentes, de tacos etc. - mundo en el cual
nosotros hemos vivido y en el cual el artefacto de juego de luces rojas y
verdes adquiere el significado de un semáforo. Por eso, simplemente por vivir
en este mundo, podemos escuchar lo que dice el semáforo.
La buenas noticias: ¿para escuchar al semáforo necesitamos
hacer algún esfuerzo subjetivo especial?, ¿ necesitamos tener algún talento
especial y misterioso como la empatía, talento que no sabríamos dónde
adquirir?. La mala noticia: ¿podemos permitir que algo nos sea dicho desde
mundos históricos otros que aquellos en que vivimos?. La mala noticia: no basta
con nuestro esfuerzo por escuchar si no compartimos el mundo; la buena noticia:
en principio, podemos aprender a movernos en cualquier mundo y no hay nada
misterioso sobre de esto.
Pregunta: escuchar un semáforo parece obvio, pero permitir
que te sea dicho algo por una persona ya parece algo más difícil, ¿no?
Respuesta: no sería tan obvio para quien no vive en el mundo
del tránsito urbano. Pero, partamos con las personas. Las personas normalmente
desempeñan roles. Escuchemos a las personas como roles. Un arquero es un rol en
una práctica bien conocida. ¿Qué nos dice de las preocupaciones del arquero su
rol de arquero? Para los que de alguna manera estamos involucrados en las
prácticas de fúltbol, la respuesta es bien clara: evitar que le hagan goles. De
aquí sale un montón de otras preocupaciones sobre su cuerpo, su estado físico
etc.
Otro ejemplo, una madre reciente. ¿Qué preocupaciones escuchamos de una persona
que desempeña este rol? ¿Qué es lo principal que necesitamos para permitir que
esto nos sea dicho? ¿Acaso mucho más que tener familiaridad con el mundo de
prácticas en el cual el rol existe?
Otro ejemplo, un gerente de finanzas. Quizás escuchar este rol es más difícil
para muchos de nosotros. ¿Por qué? ¿Acaso hay algo defectuoso en nuestra
capacidad de ponernos en el lugar del otro, en nuestra capacidad de
“empatizar”? ¿Qué camino debemos seguir para aumentar nuestra habilidad para
permitir que algo nos sea dicho sobre las preocupaciones de este rol?
Buenas y malas noticias a la vez: parece que escuchar roles
no depende de nuestro esfuerzo por “empatizar”, sino que depende de que
desarrollemos familiaridad con el mundo de prácticas en el cual esos roles
existen.
Pregunta: muchos “clientes” que nos importan -jefes o
relaciones personales cercanas p.ej. - a menudo viven irritados, tienen enojos
y mal genio. ¿Cómo se puede esperar que algo nos sea dicho así? ¿Cómo escuchar
en estos casos en medio de estas malas vibras que a veces ponen intratables a
las personas? ¡Lo único que nos interesa en estos casos es sacarle la vuelta a
estos cliente!
Respuesta: Escuchar nunca se trata de oir lo que nos dicen.
Más bien se trata de dejar que nos sea dicho lo que no nos están diciendo
abiertamente. ¿Cómo hacemos esto?: interpretando las acciones de las personas
preguntádonos por las preocupaciones que guian esas acciones. Muchas veces las
personas simplemente se encuentran actuando sin darse bien cuenta de cuáles son
las preocupaciones que los mueven. ¿No les pasa a ustedes esto a menudo, que no
saben de dónde salen ciertos comportamientos en los que de repente se descubren
o que a veces recuerdan haber tenido?
Así p. ej. por experiencia propia podemos darnos cuenta que
una irritación generalmente ocurre como resultado de que algo recurrentemente
no nos sale bien; una y otra vez nos tropezamos con la misma piedra. Entonces
nos irritamos, nos agarra el mal genio etc. Frente a una persona así tenemos
dos opciones. Una, clasificarla como “mal genio” o neurótica, no preguntándonos
nada más, tranquilizándonos (y si es nuestro jefe o cualquier cliente que nos
importa, encontrando que la vida es injusta). La otra opción en cambio es
preguntarnos: ¿que le está fallano recurrentemente a esta persona, que
habilidades le faltan una y otra vez para cuidar bien sus preocupaciones y
cuáles son estas preocupaciones? Entonces interpretamos la irritación como
preocupaciones pendientes y habilidades ausentes, y entramos al camino de
comenzar a escuchar.
Pregunta: ¿Cómo se puede saber lo que le preocupa a alguien
voluble que cambia lo que dice que necesita y sus preocupaciones a cada rato?
Respuesta: Tomemos la volubilidad como signo de un estado de
ánimo. ¿Cómo crees que se le aparece el futuro al voluble? ¿Sólido o fluido?,
¿asible o inasible?, ¿realizable o irrealizable? A medida que suma una
volubilidad más, ¿se siente con poder frente al futuro o más bien impotente?
Las personas estamos en el mundo siempre en algún estado de
ánimo. Estamos siempre en una predisposición afectiva, que nos embarga,
respecto del futuro que tenemos por delante. Por ejmplo, ¿qué ánimo nos posee
si nos embarga la expectativa de un futuro pletórico de oportunidades?, ¿o si
el futuro se presenta parecido al presente que, estando bien, podría estar
mucho mejor?, ¿o si el futuro se ve cerrado a toda posibilidad querida?. En el
primer caso podríamos decir que estamos en un ánimo de ambición, en el segundo
que estamos resignadamente tranquilizados, en el tercer caso podemos decir que
estamos en un ánimo de resignación pesimista. Los estados de ánimo vienen de
nuestro pasado. Nuestro pasado se manifiesta en ellos como una tonalidad
afectiva general que nos embarga en todos los horizontes de nuestra vida.
Corresponden a una suerte de resumen afectivo de lo que podemos esperar del
futuro a partir de nuestras experiencias pasadas. En cierto sentido, todo lo
que las personas pueden imaginar -incluyendo p.ej. nuestras ofertas - está
encerrado en los estados de ánimo que las embargan. Por eso, si queremos que
las personas escuchen nuestras propuestas y ofertas, debemos primero escuchar
los estados de ánimo que las poseen.
Escuchar, dejar que algo nos sea dicho sobre las
preocupaciones de las personas, implica desarrollar sensibilidad a los estados
de ánimo que poseen a las personas. Como siempre, podemos escuchar los estados
de ánimo ajenos escuchando nuestras propias predisposiciones anímicas y también
imaginando cuáles serían nuestras predisposiciones si vivieramos la vida que
han vivido otros. Como siempre, escuchamos sólo lo que nos resulta conocido y
familiar.
Pregunta: seguramente escuchar requiere que sintamos empatía
o algo así por las personas. ¿Cómo voy a poder escuchar a alguien que me cae
mal, a alguien que considero pesado, o quizás mal educado?
Respuesta: bueno, escuchamos las preocupaciones de las
personas gracias a la familiaridad que tenemos con los mundos de prácticas en
los cuales ellas viven. También nosotros participamos o hemos participado en
esos mundo y por eso podemos entender las preocupaciones que los partícipes en
los diversos roles de esas prácticas pueden tener. Esto quiere decir que en
encuentros con personas que pertencen a mundo muy distintos a los nuestros - y
con esto de la globalización ¿qué podemos esperar, que esto ocurra poco o
mucho? - esa familiaridad va a existir menos, posiblemente muy poco. ¿Podemos
utilizar nuestras categorías de simpático, pesado, educado bien o mal, para
catalogar a esas personas? Tal vez lo único que consigamos con eso es
mantenernos moviéndonos en el reducido círculo de las personas en el que hemos
desarrollado familiaridad en el pasado.
Pero, ¿queremos escuchar preocupados por nuestro futuro o
por nuestro pasado? ¿Cómo debemos escuchar si queremos un futuro distinto, tal
vez más amplio que nuestro pasado? En este caso, podemos decirlo todo al revés:
si alguien te somete a tensión, si su manera de comportarse te resulta difícil
de tragar, esto debe despertar tu interés y tu atención: seguramente quiere
decir que viene de un mundo muy distinto al que te has acostumbrado a habitar.
O sea, puedes utilizar lo que te tensiona como punto de atención para acercarte
a mundos más amplios que los tuyos. Si el tipo de personas cuyas acciones te
provocan tensión deberían interesarte para tu futuro, qué es mejor: calificar
su comportamiento como inaceptable y “sacarles la vuelta” o utilizar esa
tensión como brújula para despertar tu interés por acercarte y entrar a un
mundo muy distito al tuyo hasta hora? ¿Se te ocurre una mejor manera de
descubrir estilos y mundos distintos a los tuyos y de abrirte a adquirir
familiaridad con ellos que moverte a favor de lo que te tensiona?
¡La tensión puede ser un buen signo y el sentimiento
automático de simpatía un signo poco relevante!
Pregunta: los jóvenes adolescentes y pre-adolescentes son
bien difíciles de entender. Parecen interesarse principalmente por el carrete
nocturno, la música -una música horrible que no se puede escuchar-, se visten
de una manera antiestética, no se comunican con los adultos, y están "ni
ahi" con sus cosas. ¿Cómo hacer que asuman responsabilidades?
Respuesta: Seguramente hay algo que no estamos escuchando de
los jóvenes cuando interpretamos su mundo de esta manera. Para escuchar a
alguien solamente requerimos tener familiaridad con los mundos de
prácticas de las personas a las que nos disponemos a escuchar. Y también
es válido lo contrario, a saber: no podemos escuchar desde la no familiaridad,
por más que nos esforcemos. ¿Qué sabemos de las prácticas en las que se
desenvuleve la vida de los jóvenes? ¿Tenemos familiaridad con sus reuniones
sociales y sus fiestas? ¿Oimos de qué conversan entre ellos? ¿Les hemos pedido
que nos enseñen a conocer, experimentar y gozar su música? Desde esta falta de
familiaridad con su mundo no podemos escuchar las preocupaciones que
constituyen a los jóvenes. Solamente interpretaremos sus prácticas apartir de
las nuestras: así no permitimos que nada nos sea dicho por ellos.
En un mundo que cambia tan rápidamente, los grupos etáreos
constituyen mundos de prácticas que se distancian aceleradamente entre si.
Pocos años de diferencia pueden crear grandes diferencias de prácticas y
preocupaciones. Los cambios en los estilos musicales son un reflejo de esta
acelerada transformación. ¿Nos parece difícil que, a estas alturas, los jóvenes
nos permitan entrar en su mundo para adquirir familiaridad con él? Quizás
llevamos mucho tiempo escuchándolos desde nuestras práticas y preocupaciones, o
sea, desde un ánimo negativo. Entonces debemos primero re-crear confianza. La
confianza es una precondición de la escucha.
Pregunta: me parece que las personas no somos solamente roles
en prácticas. También tenemos identidad, tenemos sueños y proyectos de vida.
¿Cómo escuchar esto?
Respuesta: te propongo que lo miremos así: las personas
desempeñamos roles en prácticas sociales. Pensemos en nosotros mismos. Tal vez
somos madres, suegras, solteros, divorciadas, estudiantes, profesionales de
alguna especialidad, jefes de departamento, gerentes, clientes, cristianos
practicantes, etc., etc. Esta suerte de constelación de roles en prácticas que
cada uno desempeña define nuestra identidad. También nuestros atributos más
"subjetivos" - tal vez pensamos que somos amistosos, tímidos,
alegres, pacientes etc - podemos mirarlos como definidos por los roles que
desempeñamos en ciertas prácticas - tales como la amistad, la sociabilidad, la
paternidad etc. Así, podemos considerar que nuestra identidad corresponde a una
articulación de todos estos roles. Aquí te pido que ensayes esta mirada:
declara quien tú crees que eres y enseguida observa las prácticas que juegas y
los roles que desempeñas en ellas que le dan sentido a tu declaración de
identidad.
Sin embargo, no sólo vivimos en las prácticas del presente,
también tenemos expectativas, sueños, y proyectos de llegar a adquirir una
determinada identidad. Queremos dejar atrás ciertos roles en ciertas prácticas
y adquirir nuevos roles en nuevas prácticas: queremos llegar a ser una
determinada identidad. O sea, tenemos -en el presente -un futuro que nos
importa y nos afana. Y este futuro presupone que ya hemos adquirido una familiaridad
con un mundo de nuevas prácticas y roles que vemos como posibilidades que
podemos desempeñar. Te pido que escuches ahora tu propio futuro: oye tus sueños
o tu falta de sueños, tus planes o expectativas más o menos confesados y
compartidos de adquirir una identidad futura.
Escuchar a las personas en su dimensión de futuro quiere
decir dejar que las acciones y las conversaciones de las personas te digan algo
de sus preocupaciones de futuro. Nuestra capacidad de hacer esto, de permitir
que algo nos sea dicho, nace de que nosotros también tenemos preocupaciones de
futuro, y por eso las preocupaciones de futuro de otros nos pueden resultar
familiares. De nuevo, más que de hacer grandes esfuerzos por entender a otras
personas, se trata en este caso más bien de tener también un futuro
-preocupaciones de llegar a ser- y a partir de éste tener familiaridad con las
preocupaciones de futuro de otros. Otra cosa es que nuestro futuro sea más bien
pobre o rico en posibilidades. De esta pobreza o riqueza de posibilidades que
vemos abiertas hacia adelante para nosotros y de su fundamento, va a depender
crucialmente nuestra capacidad de escuchar a otras personas y de traerles valor
sobre la base de lo que escuchamos. Por eso debemos valorar y agradecer lo que
hace el blog de Fernando Flores al compartir generosamente con todos
el futuro de preocupaciones que afanan a una persona reconocidamente visionaria
como él.
Pregunta: me parece que al escuchar a otros lo
hacemos a partir de nuestros prejuicios y nuestras presuposiciones, a partir de
lo que nos gusta y no nos gusta, de lo que consideramos correcto o incorrecto,
etc. ¿Cómo es posible escuchar a otras personas con un mínimo de objetividad
sin meternos de por medio y terminar escuchándonos siempre a
nostros mismos?
Respuesta: recordemos que escuchamos debido a que tenemos
familiaridad con el mundo de prácticas y preocupaciones de los demás.
Esto quiere decir que escuchamos gracias
a nuestros prejuicios y presuposiciones. Por ejemplo, consideremos la lengua.
Por experiencia propia sabemos que las posibilidades de escuchar a personas que
tienen una lengua extraña para nosotros, es muy superficial. Por eso escuchamos
mucho más de un latinoamericano o un español que de un alemán o un sueco.
Consideremos otro ejemplo: la roja. Nuestra selección de fúlbol si que sabe
llenarnos de preocupaciones cambiantes. De la ilusión, pasamos a la frustración
y a la vergüenza. Podemos escuchar esto de la mayor parte de nuestros compatriotas,
y es difícil que personas de otras nacionalidades escuchen esto de
nosotros. Salvo, quizás, si vienen de otras sociedades que comparten
con nosotros el prejuicio sobre la importancia que tiene el fútbol.
Escuchamos a otras gracias a nuestros compartidos
prejuicios con ellas. Por eso, podemos aprovechar la escucha a otros para
escucharnos a nosotros mismos. (Sócrates - no el futbolista brasilero de los
setenta, Sócrates el griego - sostenía que la mayor sabiduría estriba en
"conocerse a si mismo".) Para empezar, podemos notar los estados de
ánimo en que nos pone escuchar a determinadas personas. Quizás con
algunas es impaciencia, en otros casos irritación, talvez en otros es
aburrimiento, en otros miedo, en otros quizás admiración. (¿Te haz
dado la oportunidad de hacer el ejercicio de pasar revista a personas que
conoces y sintonizar con los estados de ánimo que te provoca
escucharlas?). Estos estados de ánimo no son nada. Constituyen un fenómeno
fundamental que habla de ti y de tu manera de moverte con otros en el
mundo. Encarnan interpretaciones sobre el tipo de personas con las cuales te
mueves con comodidad y el tipo de personas con las cuales eso no
pasa. Escuchándolos puedes descubrir las habilidades que has desarrollado
y aquellas que no has desarrollado para moverte competentemente con quienes te
rodean en el mundo.
También podemos escuchar las evaluaciones que vamos teniendo
automáticamente sobre las personas a medida que las escuchamos. Quizás pensamos
que esta es "inteligente", que esta otra es "pesada", que
tal es "fría", que tal otra es "oportunista", que la de
allá es "cariñosa", etc. ¿ De dónde provienen estos juicios
evaluativos con los cuales caracterizamos a las personas, juicios que nos aparecen casi sin
que nos demos cuenta y que, además, nos importan tanto que nos predisponen
emocionalmente con ellas? De donde sino de nuestros prejuicios, los que hemos
adquirido en la forma de hábitos de caracterizar a las personas a
partir de su comportamiento en el mundo de prácticas en el que nos hemos
movido hasta ahora. Y de haber adquirido en nuestro pasado presuposiciones
sobre lo que constituye un comportamiento "correcto",
"normal" o "adecuado". Ahora bien, también podemos
interpretar estas caracterizaciones que nos ocurren como signos de habilidades
que hemos adquirido y habilidades que no hemos adquirido para lidiar con
ciertas personas con las que convivimos. Y esta interpretación es más
interesante para nosotros, porque nos deja con más posibilidades de cambiar
nuestro juego y aprender a movernos creando otro tipo de familiaridad con ellas
y su mundo, que nos permita cambiar las caracterizaciones que hacemos de ellas.
Depende ahora de nosotros comprometernos con estas
evaluaciones o compormeternos con cambiarlas - aprendiendo a familiarizarnos
mejor con el mundo de los demás - si nos parece que el mundo futuro pondrá más
personas distintas que las acostumbradas en nuestro camino.











texto Qué es escuchar??
Del escrito de este texto, que importante poder reflexionar la interrelación que existe entre nuestros estados de ánimo y el escucharnos primero a nosotros mismos, y así entender mejor el mundo que compartimos.
En este curso, fue importante escuchar por éstos días a Ricardo, así como leer los comentarios de nuestras compañeras.
El escuchar para nosotras, empresarias latinoamericanas, nos posiciona en pensar - repensar - nuestra empresa, nuestros clientes, nuestros proveedores, y nuestro futuro.
Felicitaciones, a Mario Valdivia por permitirnos leer su texto.
Seguiré con los otros.
Gracias, pasen buenos días.
Cecilia desde Argentina.